Un hombre armado con una presentación Power Point y un puntero láser se dispuso ayer a cuestionar el límite de velocidad cósmica fijado por Albert Einstein hace más de un siglo. Era Dario Autiero, uno de los investigadores a cargo del laboratorio subterráneo del Gran Sasso, en Italia. Allí, a 1.400 metros bajo tierra, su equipo ha jugado a las carreras con el neutrino, una partícula elemental mil millones de veces más pequeña que un átomo de hidrógeno. Los investigadores dispararon neutrinos desde Ginebra y observaron su llegada al Gran Sasso tras un sprint de 730 kilómetros bajo tierra. Los resultados mostraban obstinados lo imposible: más de 15.000 neutrinos habían batido a la luz por 60 milmillonésimas de segundo.
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